¡Bienvenida la primavera de los helados!
Con la llegada del buen tiempo, vuelven las ganas de disfrutar de un sabroso helado. Todos hemos oído sobre uno de sus productos insignes de Italia, el “gelato”, y como no podía ser de otra manera, Roma tiene una gran variedad de heladerías, por lo que tendrás una amplia oferta a la hora de decidirte por el lugar que sirva el “verdadero italiano”.
Porque sabemos que no es fácil te damos algunos consejos para que puedas reconocer una buena heladería.
Generalmente, la carta tiene productos de temporada porque los sabores de las frutas son más intensos. Los helados se conservan en recipientes de acero, evita los que se presentan en grandes cantidades porque para conservarlos son necesarios muchos espesantes. El helado debe tener una estructura densa sin exceso de aire.
Una excelente razón para no privarte de degustar un helado artesanal es el poco contenido de grasa que tienen.
Observa siempre la consistencia del helado, tiene que ser cremoso y sin cristales de hielo.
Evita los helados con colores fluorescentes como verdes y azules brillantes que utilizan sustancias químicas.
Fíjate siempre en el pistacho, si está hecho de manera natural tendrá un color verde pálido.
Busca los lugares donde esté indicado “Gelato artegianale” o “Produzione Propria”, que significa que el helado es elaborado en el lugar o a mano.
Y recuerda: en Roma todo momento es ideal para disfrutar de un rico helado.
¿Sabías qué… desde el año 500 A.D.C. ya se lograba conservar el hielo?
Y que los griegos utilizaban en muchas bebidas la nieve o el hielo rayado. También se dice que fue el general, Quintos Fabius Maximos, quien inventó la “Nivatae Potiones”, una mezcla de nieve con miel y frutas. Y que fue en Sicilia donde se ideó el «sorbete» (palabra que proviene de la lengua árabe “sharba” que significa bebida fresca). Igualmente, que el emperador Nerón hacía traer nieve de los Alpes para que le preparasen esta bebida helada.
Fue en el siglo XVI cuando se desarrolló la producción de sorbetes sobre todo en la corte de Caterina de Medici, gracias al ingenio de Bernando Buontalenti y el heladero Ruggieri.
Es en el año 1660 cuando el italiano Procopio inventó una máquina que homogeneizaba las frutas, el azúcar y el hielo, con lo que se obtenía una verdadera crema helada, similar a la que hoy conocemos. Procopio, abrió en París el «Café Procope», donde además de café se servían helados…
Te contaremos estas y otras curiosidades en nuestra ruta dedicada a la gastronomía italiana… te esperamos.